Dolores estomacales y una angustia constante en el cerebro.
Viajes sin retorno por el pasado, obstáculos crecientes que no quiero atravesar.
Sin razones llenas de frases que permiten comprender lo incierto.
Falsas imágenes que cínicamente sonríen ante el goteo constante de un lagrimal excitado.
Olores que inundan cementerios y sacan a los muertos, flotan en ellos, hediondos y putrefactos con rastros de su antigua y embriagadora fragancia que se evapora a cada instante.
Hombres voladores vestidos de blanco, giran alrededor de una cabeza a punto de reventar.
Ataques minúsculos al corazón de quién ya no lo necesita.
Oscuridad en medio de la cegadora luz.
Un ser aferrado a historias falsas, su vida pasa frente a él, su vida pasando frente a él. Ser aferrado a coincidencias, extrañas, lejanas palabras que prefiere creer ciertas.
Sonámbulos en pleno día, con ojos hinchados por las razones que sin razón enterraron sus buenos deseos.
Ocultamos nuestro vestido blanco y creamos falsas historias que nos protegen de angustiantes momentos.
Contamos los segundos lejos de nuestras obsesiones sin atrevernos a reconocer que el segundo final ya ha quedado tras horas que continúan avanzando, una tras otra.
Otra, otra vez, sin negarse a sentir, una y otra vez caeremos al vacío, al precipicio y gustosamente estaremos dispuestos a hacerlo. Un masoquismo de cuatro letras, A-M-O-R.
