Estrenando año, deseando que a todos y cada uno de nosotros nos vaya mejor que antes. Guardando y eliminando algunas vivencias.
Revisando los huecos de mi extraviada memoria...
Me encontré con cartas milenarias sin destino final, pero con destinatarios exactos.
Historias inconclusas, difíciles rompecabezas que entorpecen mis ansias de limpieza profunda.
Me he encontrado con fotografías que rememoran mi ingenuidad pasada y la hacen contrastar con mi estupidez presente.
Ganas de eliminar ventanas inservibles, pero el fetichismo me gana, la flojera me vence y empiezo de nuevo.
Mira! Allá hay una palabra que te hizo sonreír hace un año. Más atrás se esconde otra que te hirió aún más de un año pero que sigue lastimando, simplemente no recordabas de dónde provenía el malestar.
Hacer limpieza es agradable, reconfortante para la salud mental. Pero no siempre estaremos dispuestos de deshacernos de aquello que celosamente clavamos en nuestro interior.
Nuestros pensamientos volátiles creen que si conservamos ese recuerdo, todo seguirá existiendo. Es un vicioso engaño, pero una valiosa forma de autoconservación.
No es facil eliminar recuerdos, sean bellos o todo lo contrario, una fuerza los mantiene latentes...Pero ¿qué sería sin recordar?, quizá no volvería a tener los mismos tropiezos, quizá dejaría rápidamente de sufrir, o quizá simplemente no habría vivido.
Los recuerdos son producto de la añoranza, de algo que ya fue. Son ganas de revivir espacios perdidos en la inmensidad de la eterna espiral. Prefiero vivir llena de ellos a sentirme vacía, ellos por lo menos me acompañan, aunque tú no estés ellos me acompañarán, siempre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario